Nuestro primer caso de acompañamiento

Hasim llegó a España en el año 2009, al no tener permiso de residencia ni un trabajo fijo, cuando le caducó su tarjeta sanitaria, dejó de tener acceso a los servicios de Salud, según disposición del RD 16/2012, ese que intentamos derogar, y entretanto, desobedecemos e instamos a desobedecer.

A pesar de su edad, 39 años,  en abril del 2013 sufrió un infarto agudo. Le llevaron al Hospital 12 de octubre, donde le operaron de urgencia y le colocaron un stent  para regular el flujo de sangre al corazón y evitar nuevas coagulaciones. Estuvo ingresado 10 días, y cuando le dieron el alta, le prescribieron la medicación que debería tomar de forma ininterrumpida durante, al menos,  el primer año. Además, durante su estancia en el hospital descubrieron que tenía  diabetes, por lo que el importe de medicamentos de ingestión obligatoria y continuada, ascendía a 100 euros mensuales. Hasim, además, debería acudir a hacerse una revisión cardiológica al cumplirse el primer trimestre desde el infarto.

stent coronario

El primer mes, amigos y compañeros del piso que comparte en el barrio de Lavapiés, le compraron la primera tanda de medicinas, pero cuando se le fueron acabando, acudió a Médicos del Mundo, y allí le derivaron a YOSISANIDADUNIVERSAL.

Al estar empadronado en el barrio de Tetuán, las compañeras de los grupos de Lavapiés se pusieron en contacto con nosotras y nos derivaron el que fue nuestro primer caso.

Al principio, no sabíamos ni por dónde empezar. Todo eran dudas y miedos, y la responsabilidad de tener en nuestras manos su solución, nos llenaba al mismo tiempo de ilusión y de pánico, ya que  nos parecía un reto difícil de superar.

Nuestro primer encuentro con Hasim, fue en la salida del metro de Estrecho. Vino con un amigo porque él apenas habla español, y nada más encontrarnos se produjo una corriente de afecto en ambas direcciones.  

Acudimos a un ambulatorio del barrio, donde ya teníamos ubicados a un administrativo y a una doctora desobedientes, por lo que no tuvimos ningún problema en acceder a la consulta, mediante el alta como TSPR (Transeúnte sin permiso de residencia). La doctora le hizo un primer reconocimiento y unos análisis de urgencia.

Pero el primer escollo fue la obtención de medicinas, sobretodo del clopidogrel, un antiagregante que impide la creación de coágulos dentro de la malla del stent, y que necesita el visado de la Inspección médica para ser prescrito y suministrado en la farmacia. La doctora le dio algunos remanentes que tenía en la consulta, mientras intentábamos conseguirlo a través de Farmacéuticos sin Fronteras y Médicos del Mundo. Nada.  Estaban  colapsados.

Entretanto, Hasim apuraba sus píldoras de Clopidogrel, imprescindibles para el buen funcionamiento de sus arterias. Esto nos llevó a echar mano de una caja de resistencia que nuestro grupo decidió abrir a fin de paliar estos inconvenientes, que se nos antojaron iban a ser repetitivos en casos posteriores, como así ha sido.  

Siguiendo las instrucciones de otros grupos más expertos en acompañamientos, intentamos probar con la vía de la gestión farmacéutica. Este servicio, desconocido por la mayoría del personal sanitario, provee de la medicación necesaria en casos graves de personas sin recursos, pero ante la falta de información sobre dicho procedimiento, tuvimos que acudir en varias ocasiones hasta conseguir que quisiesen intentarlo, sin mucha fe en su resolución, todo hay que decirlo

Al cabo de una semana, la doctora, incrédula, nos confirmó la obtención de todas las medicinas necesarias, abonando solo un 40% de su valor, al igual que cualquier persona con tarjeta sanitaria. Hasim estaba dentro del sistema. Todas sus recetas se imprimieron ante nuestros ojos como por arte de magia.

Ahora quedaba otro reto: ir a la farmacia sin tarjeta sanitaria para comprarlas. Todas, excepto la del clopidogrel que debía pasar por el filtro de la Inspección médica, pero aún tenía un par de blisters  y podría aguantar una semana más.

En la farmacia también desconocían el procedimiento para despachar medicamentos a alguien sin tarjeta sanitaria, pero intentaron con el número mágico, EL CIPA, (Código de Identificación Personal Autonómico) y en la pantalla apareció el nombre completo de Hasim, que en boca de la farmacéutica, nos sonó a música celestial.

Después de más de un mes de idas y venidas al ambulatorio, a la trabajadora social, llamadas, consultas telefónicas, nuestro primer caso estaba resuelto.  Nunca olvidaremos aquella tarde. Hasim nos dio un abrazo y nos dijo que éramos hermanos y que le había dicho nuestros nombres a su madre, para que rezase por nosotros. A pesar de nuestro arraigado ateísmo, nos emocionamos. 

Días más tarde vino aprobado por la inspección médica el clopidogrel y desde entonces, Hasim que ya se conoce el camino a la perfección, acude solo a sus citas en el ambulatorio, donde recoge sus recetas que la farmacia de la SS le va suministrando.

Ha pasado ya la revisión cardiológica, varios análisis que  controlan su diabetes y su colesterol y ha sido citado en un año para volver a realizar una nueva revisión. Ha perdido peso y está tramitando el permiso de residencia por motivos humanitarios de salud. 

Hace un mes le llegó una factura del Hospital 12 de Octubre de 11.900€, ilegal a todas luces, ya que como consta en el maldito RD 16/2012, una de las excepciones de atención sanitaria sin coste para el enfermo, es acudir por una urgencia médica, como era su caso. Estamos tramitando su anulación.

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